Sostenibilidad

Desde los inicios de USM, el desarrollo sostenible ha sido una piedra angular de nuestro negocio.

Como empresa dedicada al mobiliario, esto tiene un doble significado. Por un lado, cumplimos con la normativa más estricta sobre los materiales y métodos de producción que empleamos y la energía y las emisiones que generamos. Por otro lado, hacemos todo lo posible para ofrecer a nuestros clientes muebles que les permitan vivir de modo sostenible.


Construimos y con frecuencia remodelamos nuestras fábricas y talleres, en línea con los principios del ecologismo. El acero, elemento esencial en nuestros productos, es altamente reciclable, y nuestros procesos de fabricación se diseñan con esmero teniendo en cuenta los objetivos de eficiencia energética y reciclabilidad casi absoluta en cada etapa.


Estamos orgullosos de haber sido reconocidos por nuestro compromiso de reducir las emisiones. En 2007, fuimos la primera empresa europea en recibir la certificación del Instituto Medioambiental Greenguard por las bajas emisiones de partículas y productos químicos de nuestros productos. Las emisiones bajas hacen más saludables los entornos domésticos y laborales al reducir la contaminación del aire interior.


Cuanto más corta es la vida útil de un producto, peores son las consecuencias para el medio ambiente: hacen falta materiales y procesos para fabricar un sustituto, y el producto antiguo se debe reciclar o eliminar. El daño al medio ambiente resultante de la sustitución frecuente se evita elaborando productos duraderos. Este principio es vital en la filosofía empresarial de USM. Fabricamos productos que perduran: materiales resistentes al desgaste, artesanía fina, diseños duraderos y un estilo intemporal garantizan que los muebles de USM duren toda una vida.


Así, nos enorgullece haber sido galardonados con la certificación Cradle to Cradle® en 2018 por nuestras gamas USM Haller y USM Kitos M.

¿Qué es Cradle to Cradle?


Todos hemos oído hablar del "día de la sobrecapacidad" de la Tierra: marca la fecha en la que la humanidad consume más recursos naturales y emite más gases de efecto invernadero de los que el planeta es capaz de producir o absorber en doce meses. Este año, la fecha se alcanzó el 29 de julio. Para hacer frente al agotamiento de los recursos naturales de la Tierra, el químico alemán Michael Braungart y el arquitecto estadounidense William McDonough establecieron los principios "Cradle to Cradle" (de la cuna a la cuna) a principios de la década de 1980. Hoy en día hablamos de una "economía circular de impacto positivo".


En lugar de socavar el crecimiento económico y la ecología, el modelo industrial Cradle to Cradle imita el equilibrio de los ecosistemas naturales y parte de la premisa de que la humanidad puede tener una influencia beneficiosa y reparadora sobre el medio ambiente. Lejos de los habituales discursos que generan ansiedad sobre el futuro de nuestro planeta, Cradle to Cradle ofrece soluciones concretas que pueden convertir nuestros actuales residuos en los recursos del futuro.


El concepto se basa en la idea de desarrollar productos aptos para el suprarreciclaje (upcycling). Para no despilfarrar y malgastar recursos, debemos transformar los productos al final de su vida útil para darles valor, de manera que reinicien otro ciclo de producción y no acaben en la basura. Así, eliminamos la idea de desecho y solo hay recursos reutilizables hasta el infinito. Este concepto se inspira en la naturaleza, donde los residuos visibles sirven de fundamento de nuevos organismos. Un ejemplo es la floración de los árboles: al caer al suelo, las flores se convierten en nuevos árboles o nutrientes.


¿Cómo se puede obtener la certificación Cradle to Cradle?


Desde sus inicios, la sostenibilidad ha sido la piedra angular del desarrollo de USM, que se ha comprometido siempre a minimizar su consumo y producción de energía, sus emisiones, sus materias primas, esforzándose por aplicar métodos productivos eficaces. Era lógico, pues, que la empresa aspirara a la certificación Cradle to Cradle.


Se trata de un proceso progresivo que permite conocer mejor la composición de los productos y verificar la posible toxicidad de los componentes utilizados. Las empresas deben prestarse a participar en la evaluación y la optimización continuas de su producto. La certificación contempla si los componentes pueden integrarse en un reciclaje biológico o técnico, la importancia adscrita a las energías renovables, la gestión del agua y las responsabilidades sociales en el proceso de fabricación y montaje de los productos.


A diferencia de otras etiquetas ecológicas centradas en un solo aspecto a evaluar, la certificación Cradle to Cradle aplica un enfoque holístico para evaluar el diseño y las condiciones de fabricación del producto. Por ello, la evaluación engloba los cinco criterios: materiales saludables, reutilización de materiales, gestión de energías renovables y carbono, gestión del agua y responsabilidad social.


Desde su lanzamiento en 2005, la certificación Cradle to Cradle se ha concedido a más de 8.000 productos fabricados por 260 empresas en más de 15 países, pertenecientes a ámbitos tan variados como la construcción, el textil, la salud, la automoción o el mobiliario.


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