Alexandra Golovanoff, creadora y periodista

París, septiembre de 2020

Creadora de jerséis de «colores cosméticos» y periodista de moda, Alexandra Golovanoff es una amante de todo lo bello. Hemos tenido el inmenso placer de reunirnos con ella en su apartamento de la margen izquierda del Sena, situado a dos pasos del showroom de USM, para hablar sobre sus gustos eclécticos en materia de decoración y de moda.

Para comenzar, ¿podrías presentarte?

Soy creadora de jerséis, presentadora de televisión y periodista. En la actualidad, son claramente los jerséis los que más tiempo me ocupan, y el resto se ha convertido en algo complementario.

¿Cómo surgió la idea de crear tu propia marca de jerséis?

A base de tratar con diseñadores y directores de marca, aprendí muchísimo. Hacía muchas preguntas, porque ése era mi oficio, y en un momento dado ya no me valía con eso, sentía una especie de frustración por ser siempre una mera espectadora, una espectadora hastiada. Como periodista de moda, siempre estaba expuesta a una gran cantidad de cosas, y eso hace que a veces pierdas el entusiasmo y olvides apreciar la energía, el trabajo y la implicación de todos esos creadores. De este modo surgió en mi la necesidad de volver a ser consciente de todo eso y de hacer algo para no dedicarme únicamente a mirar lo que otros hacen. Y así empecé a hacer jerséis.

¿Por qué jerséis?

Para mí fue algo muy natural y obvio. Llevo jerséis desde el día en que nací. Siempre vi a mi madre tejer para sus hijos y luego para sus nietos. Me gusta que, al tejer, se pueda hacer una prenda a partir de un único hilo. El hilo se transforma. Y ponerse un jersey es fácil, es agradable.

¿De dónde proviene tu inspiración?

Todo está en mi cabeza. Tengo una visión del mundo en color, y creo que la calle y la moda son bastante monocromas. Todo es blanco, gris, negro, azul marino..., no digo que no sea bonito, pero a mi me gusta el color. Casi nunca me visto de negro. A mi me gusta el concepto de «prendas cosméticas», que te embellecen, hacen que tengas buena cara y hacen resaltar tus ojos, por ejemplo. Yo trabajo como si estuviera haciendo maquillaje, porque para mi está claro que, a cada persona, hay colores que le quedan mejor que otros. En función de la tez, del color de pelo, del color de ojos..., todos estos elementos combinados hacen que haya colores que te sienten mejor que otros.

Y, en tu opinión, ¿qué se necesita para hacer un buen jersey?

Un buen jersey es como la alquimia. En primer lugar, hay que fijarse en el corte, eso es algo a lo que yo presto mucha atención. También hace falta un buen color y un buen material. La materia prima es esencial y, sea cual sea, ofrece distintos niveles de calidad. Hay viscosas extraordinarias y otras de mala calidad. Lo mismo ocurre con el algodón y la lana. En definitiva, es como en todo, hay distintos niveles de calidad y de exigencia.

Nos ha recibido hoy en su apartamento del distrito 7 de París. ¿Hace mucho tiempo que vives en la margen izquierda (Rive gauche) del Sena?

Sí, hace mucho. Crecí en el distrito 16, pero toda mi vida adulta ha trascurrido en la margen izquierda, entre el distrito 6 y el 7. Y cada vez que me mudo, no me alejo más de 100 metros.

¿Qué es lo que te gusta tanto de este barrio?

¿Cómo responder sin caer en banalidades y clichés? Es bonito, sencillamente bonito. Tiendo a poner lo bonito ante todo, al menos lo que a mi me resulta bonito. Prefiero no tener algo que tener algo que no me parezca bonito. Incluso los cuchillos de la cocina tienen que gustarme. Y no hace falta que algo sea caro para que sea bonito. Lo que más me importa, es que haya habido una intención en la creación de un objeto. Si solamente es funcional y no me parece bonito, no lo quiero.


Y también hay cosas feas que a mi me parecen bonitas. En moda soy muy fan de Birkenstock, que no hace el calzado más bonito, pero que en su estilo tiene una intención. Desde el momento en que siento la intención, me gusta, tengo una conexión.

¿Y este apartamento se parece a ti?

Sí, es una mezcla de lo antiguo y lo moderno. Hay objetos artísticos, antiguos, de anticuario, cosas de segunda mano, también hay cosas que no son nada caras, pero es mi mezcla, mi equilibrio.

¿Son las mezclas las que definen tu estilo?

Mis estilos de decoración y de moda son muy similares. En ambos hay una historia de calidad, de colores y de mezclas. Por ejemplo, si llevo una prenda sofisticada, me gusta romper ese estilo con algo que no sea nada sofisticado en absoluto. También mezclo algo femenino con algo masculino, como hoy, que llevo una blusa de cuello babero y botas camperas. Y en decoración hago lo mismo. Me suelen gustar las cosas que no son para nada «girly», pero las paredes las he pintado de rosa. Me gustan los muebles algo masculinos, marrones, negros, pero con líneas fuertes, y al mismo tiempo, en las cortinas he puesto pompones. Me gustan los contrastes, los contrarios. Y hago lo mismo con la ropa.

¿De dónde procede ese ojo que tienes para las cosas bonitas?

Soy hija de anticuarios y crecí con esa idea de muebles, de artesanía, de cosas que hay que cuidar. De pequeña, incluso en vacaciones, íbamos en coche de anticuario en anticuario y visitábamos museos. Cuando eres niña no es muy divertido. Yo tengo la sensación de haber crecido en los rastros. Y, desde luego, me sirvió de formación.


Miro muchas cosas en Internet porque siempre está abierto. Y me gusta hacerlo cuando llueve, en la cama. Siempre busco cosas para mi, pero también para mis amigos, porque todo el mundo sabe que me encanta buscar cosas.


También busco en los rastros. Y cuando viajo, siempre miro cosas allá donde voy. De hecho, creo que siempre tengo los ojos bien abiertos. Es algo que hago sin darme cuenta, continuamente. Como una deformación genética.

¿Y cómo llegó USM a este apartamento?

Porque estaba haciéndome una oficina en casa y quería ocultar algunas cosas, ya que la oficina es también potencialmente un comedor. Por eso quería hacer desaparecer cosas que me parecen feas: papeles, una impresora, cosas de oficina en general. Quería algo funcional que fuera bonito al mismo tiempo. Y no quería que pareciera algo de bricolaje. Quería una oficina un poco «pro» con las dimensiones necesarias para las carpetas, etc., pero al mismo tiempo no quería verlas y quería que todo eso encajara en mi propio delirio.


Solía pasar mucho tiempo con mis padres en Suiza, así que USM me resultaba familiar. Además, tengo un horno suizo de la marca Zug y no hay mucha gente que la conozca.


Cuando nos mudamos aquí este verano mi gato se perdió. Lo busqué por el barrio y me dí cuenta de que el showroom de USM estaba aquí, justo debajo de mi casa, a 50 metros. ¡Qué casualidad! Buscando a mi gato encontré el mueble que quería.

¿Qué es lo que te gusta de los muebles de USM?

Me gusta su gran simplicidad, que por cierto no tiene nada de simple. Están muy bien diseñados, muy bien pensados, son evolutivos y su concepto es muy moderno. Una vez más debo decir que soy muy sensible al contraste. Están tan bien hechos, tan bien pensados, y eso no es nada simple. Es como un bolso de Hermès: son muy bonitos y simples, pero eso no quiere decir que hacer algo simple SEA simple.


Creo que su línea es un telón de fondo ideal. Al final me decanté por el blanco, pero dudé entre el gris oscuro y el beige. Lo que ocurre es que ya que tenía las paredes pintadas de rosa, me planteé que quizá debería relajarme un poco con los colores.

Una última pregunta: ¿qué es el lujo para ti?

El lujo es, sobre todo, una historia de calidad. Y USM tiene la virtud de la calidad, de la durabilidad y de las cosas que no son desechables.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Alexandra Golovanoff por habernos recibido y por haber compartido con nosotros reflexiones apasionantes. Podéis seguirla a través de su cuenta de Instagram @alexandragolovanoff y descubrir su colección de jerséis en su sitio Web alexandragolovanoff.com y en su boutique del nº 5 de la calle Varenne - 75007 París.


Fotografías: Alexandre Moulard